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Disturbios dejan varios lesionados

Santa Tecla. El CAM y vendedores se aliaron a balazos y pedradas. Un comerciante recibió un disparo en la cabeza.


Publicada 12 de octubre 2005, El Diario de Hoy

Golpeada. Momentos en que Elena Vásquez es agredida por agentes del CAM. La PNC no hizo nada por evitarlo. Foto: EDH

Jorge Beltrán/Enrique Carranza
El Diario de Hoy

metro@elsalvador.com


Un hombre herido de bala en la cabeza, otro vapuleado y dos personas privadas de libertad por el Cuerpo de Agentes Metropolitanos (CAM) de Santa Tecla, fue el resultado de los disturbios protagonizados ayer por estos últimos y vendedores ambulantes.

El baleado fue identificado como Fidel Zepeda Mendoza, de 35 años, quien supuestamente es un comerciante que participó en los disturbios desencadenados luego de que el CAM decomisara la mercadería a vendedores de la 3a. Avenida Sur y 2a. Calle Poniente, en el centro de Santa Tecla.

Mientras tanto, Juan José Avilés tuvo que ser trasladado por socorristas de Comandos de Salvamento posterior a una golpiza que una turba le propinó.

Según los agresores, Avilés es agente del CAM. Éste andaba fuera de servicio, en evidente estado de ebriedad, mezclado entre el tumulto de vendedores que quemaban llantas en una esquina del mercado municipal.

Víctima. Juan José Avilés, agente del CAM que ayer no estaba de servicio, fue golpeado por un grupo de vendedores. Foto: EDH

Los atacantes del empleado municipal justificaron la vapuleada diciendo que andaba orejeando las medidas que los vendedores tomarían posterior a los desórdenes en la que los miembros del CAM dispararon repetidas veces sus armas de equipo en dirección de los vendedores.

Los del CAM privaron de libertad a José Roberto Beltrán Alas y María Elena Vásquez. El hombre fue liberado pocos minutos después por los mismos municipales, no sin antes propinarle un batonazo en el hombro izquierdo y de quebrarle un celular que portaba.

Entretanto, la mujer fue entregada por el CAM a la Policía Nacional Civil quien la liberó poco después a cambio de que los vendedores despejaran varias calles que mantenían bloqueadas.

Espectadores

Poco antes de las doce del mediodía, un puñado de vendedores quemaba llantas, cartones y maderos en las calles inmediatas al cuartel del CAM, mientras otro grupo arengado por Elena Vásquez, pedía a gritos que les devolvieran las mercancías secuestradas.

Dos policías de la Unidad Táctica Operativa (UTO) observaba la escena.

Así transcurrieron varios minutos, hasta que un miembro del CAM comenzó a fotografiar a los vendedores. Estos se enfurecieron y lanzaron una pedrada hacia el fotógrafo.

La piedra dio en el blanco y eso bastó para que unos 25 agentes desenfundaran sus pistolas y comenzaran a disparar en dirección a los comerciantes.

Mientras eso sucedía, los de la UTO permanecían impávidos, pero a los pocos minutos también se unieron a la persecución de vendedores que el CAM realizaba.

Los disparos sonaban por doquier. Vásquez, la mujer que lideraba a los vendedores, se quedó rezagada y cayó en manos de los municipales quienes le dieron patadas y macanazos.

Luego, alguien gritó que había un herido y el zafarrancho se disipó. Los del CAM se replegaron a su cuartel y los vendedores se alejaron a quemar llantas cerca del mercado.

Agente metropolitano agrede a fotoperiodista

En cuanto comenzaron a zumbar las pedradas, el agente número 008 de apellido Vásquez desenfundó su pistola y la apuntó hacia los vendedores.

Al percatarse de ello, Felipe Ayala, fotoperiodista de este diario, se dispuso a captar la imagen.

Pero lo que logró fue que el municipal lo encañonara y lo amenazara diciéndole que tuviera cuidado, que no le tomara fotos.

Incluso, con la intervención de varios de sus compañeros, Vásquez parecía fuera de control.
Dos veces más dirigió el arma hacia Ayala, hasta que éste dio por ignorada la agresión y siguió captando imágenes.

Todo eso ocurrió en presencia de dos miembros policiales de la UTO.

Pasado el tumulto, más policías llegaron al sitio.

Pero, a pesar de que ya sabían que los del CAM habían disparado sus armas y que había un vendedor herido, la PNC nada hizo por comenzar a investigar el suceso.

Esto les fue echado en cara por otros vendedores que les recordaban que la flagrancia de un delito estaba latente y que era su obligación, por lo menos, requisar las armas de los agentes que habían participado en la revuelta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




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